Raíces para afianzar: Nada sin Ti, Nada sin Nosotros

CIEES Internacional continuó su ciclo formacion con una tercera jornada dedicada a profundizar cómo las pedagogías kentenijianas pueden transformar la cultura organizacional y el liderazgo en las empresas.


Jorge Durán-Ballén retomó el hilo de las reflexiones anteriores para adentrarse en dos de las estrellas pedagógicas del pensamiento del Padre José Kentenich: los vínculos y la alianza. El encuentro reunió a empresarios y ejecutivos en un espacio que buscó, una vez más, que los conceptos no se quedaran flotando en lo teórico sino que pudieran aterrizar en la vida laboral cotidiana.

Desde el inicio, Jorge planteó una pregunta implícita que atravesó toda la jornada: ¿qué pasa cuando empezamos a ver el ideal, los vínculos y la alianza no como temas separados sino como una unidad? “No es un menú donde uno escoge”, señaló. “Esto es un todo que presentó el Padre Kentenich y que tiene que verse integrado.”

Las raíces que sostienen el árbol

Para abrir el tema de los vínculos, Jorge propuso detenerse en dos imágenes: la de un árbol con raíces profundas y la de una telaraña. La pregunta que dejó abierta fue sencilla pero no menor: ¿qué tan profundas son nuestras raíces? Así como un árbol gigantesco tiene bajo tierra una red igual o más extensa que lo que se ve por encima, ¿qué tan ancladas están las personas y las organizaciones al lugar donde crecen? “Este es mi sitio, yo soy de aquí”, dijo al describir lo que busca generar un vínculo sano.

Apoyándose en fuentes originales de la pedagogía kentenijiana el trabajo del Padre Rafael Fernández y el del Padre Carlos Padilla, entre otros Jorge propuso mirar los vínculos en cuatro direcciones: con uno mismo, con Dios, con las demás personas y con lo terrenal. No como una lista a completar, sino como una cruz que puede orientar tanto la vida personal como la organizacional.

¿Por dónde empezar? Jorge sugirió que el vínculo con uno mismo es el punto de partida inevitable: “Nadie da lo que no tiene.” Conocerse y aceptarse no desde la autocomplacencia sino desde el reconocimiento de que los propios talentos y límites tienen un sentido que si Dios nos creó de cierta manera, fue pensando en una misión concreta. El vínculo con Dios, en cambio, fue presentado con la imagen de un péndulo: lo de abajo puede oscilar todo lo que quiera, pero si arriba hay un ancla firme, nada se derrumba del todo. Y ahí apareció una pregunta que quedó suspendida en el aire: ¿cuántas veces nos quedamos a escuchar la respuesta de Dios, o simplemente le lanzamos todo y nos vamos?

El vínculo con las demás personas abrió una perspectiva que invita a cambiar incluso el lenguaje: “¿Saben por qué somos amigos del alma? Porque nuestras almas son amigas.” Y el vínculo con lo terrenal invitó a revisar desde qué lugar nos relacionamos con lo que tenemos si desde la posesión o desde la administración responsable.

Uno de los momentos más prácticos fue cuando Jorge presentó una matriz que cruza los cuatro tipos de vínculos con tres estados posibles: escasez, equilibrio y exceso. La propuesta para los grupos de trabajo fue explorar esos cruces desde la experiencia propia: ¿en cuáles me reconozco? ¿dónde hay desequilibrio en mi empresa o en mi equipo?

De la transacción a la alianza

La segunda parte de la jornada arrancó con una imagen histórica: el muro de escudos. Romanos, griegos, vikingos culturas distintas que descubrieron por separado el mismo principio: que la misma cantidad de guerreros se vuelve casi invencible cuando se forman como un bloque compacto. “Mi escudo está protegiendo a quien está a mi izquierda, y el que está a mi derecha me protege a mí”, explicó Jorge. La pregunta que deja esa imagen es incómoda: ¿cuántas veces en nuestros equipos alguien se sale del muro y hace por su cuenta?

Ese principio, que trascendió lo militar y aparece hoy en la OTAN, la Comunidad Europea o el Star Alliance, también puede construirse o destruirse al interior de cualquier empresa.

Pero antes de hablar de alianza, Jorge propuso revisar algo más cotidiano: la transacción. No para descartarla, sino para preguntarse si puede ser el punto de partida hacia algo más. La alianza, planteó, no es el opuesto de la transacción sino su versión más elevada del mismo modo en que la magnanimidad es la generosidad llevada a su máxima expresión. Para recorrer ese camino identificó cuatro pasos: reconocer que se tiene la capacidad, estar dispuesto a querer hacerlo, tener conciencia de que hay un llamado, y finalmente ser fiel a ese compromiso.

El amor como manual de operaciones

El giro más inesperado de la jornada llegó cuando Jorge reveló que la pedagogía de la alianza tiene otro nombre: la pedagogía del amor. Y ante la pregunta que él mismo se había hecho de cómo llevar esa palabra al mundo de los negocios sin que suene fuera de lugar, la respuesta llegó de la carta de San Pablo a los Corintios.

“Imagina tu empresa donde todo el mundo es paciente, es servicial, donde nadie es envidioso, a nadie le gusta aparentar, no hay orgullo ni bajeza”, planteó Jorge. “¿Qué te parecería? Pues eso es amor en tu empresa, según San Pablo.”

Lo que hizo el ejercicio especialmente revelador fue una observación: en todo ese pasaje de San Pablo no aparece ni una sola palabra que describa un sentimiento. Todas describen comportamientos. Lo que el texto propone, entonces, no es una emoción sino una cultura una forma de actuar que puede elegirse y construirse. Y eso lo cambia todo: si el amor es comportamiento, entonces puede trabajarse, puede medirse, puede crecer dentro de una organización.

Un árbol que sigue creciendo

Al cerrar, Jorge volvió a la imagen del árbol. Los vínculos son las raíces profundas, invisibles, pero fundamento de todo lo que viene después. Sin ellas no hay tronco que sostenga, no hay frutos que dar. Lo que la próxima jornada abordará, anticipó, será la parte del árbol que crece hacia arriba.

La jornada concluyó con trabajo en grupos, donde cada participante fue invitado a revisar su propia experiencia y preguntarse: ¿dónde están mis vínculos en desequilibrio? ¿De qué manera una cultura orientada por los valores que propone San Pablo podría cambiar, de a poco, el clima dentro de mi empresa?


El ciclo formativo de CIEES Internacional sigue su curso, con la misma convicción de siempre: que la pedagogía del Padre Kentenich no fue pensada para los libros, sino para la vida y que el trabajo, vivido desde adentro, puede ser mucho más que una rutina.

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