Visión, vida y cultura: Hombre nuevo en comunidad nueva
CIEES Internacional continuó su ciclo de formación sobre pedagogías kentenijianas aplicadas al mundo del trabajo, con un encuentro centrado en tres herramientas concretas para quienes dirigen personas y equipos: la confianza, la libertad y el movimiento.
El encuentro, a cargo de Jorge Durán-Ballén, director de formación de CIEES Internacional, fue el tercero de una serie que ya había recorrido el ideal personal, los vínculos y la alianza como fundamentos de una cultura organizacional sana. Esta vez, la propuesta avanzó del “qué” al “cómo”: si las charlas anteriores explicaban qué busca construir una empresa con alma, esta se concentró en las herramientas concretas para lograrlo día a día.
Sobre la confianza, Jorge explicó que tiene dos dimensiones. La primera es personal: la certeza de que cada persona tiene una misión propia que cumplir, y que esa certeza es la base desde la cual un líder puede exigir y acompañar sin perder su propia seguridad. “No es que Dios escoge a los preparados, sino que prepara a los escogidos”, señaló. La segunda, orientada al vínculo con los equipos, se resume en tres actitudes: acoger a la persona tal como es, sin reducirla a la función que ocupa; escuchar de verdad, ayudando a que cada colaborador encuentre su propia voz; y tener fe en el otro incluso cuando falla. Para explicar por qué esto importa, recurrió a la imagen de una corrida bancaria: basta un rumor para que la gente pierda la confianza en una institución y la lleve a la quiebra. “Lo mismo pasa con las relaciones de trabajo: cuesta mucho construir la confianza y se puede romper en un instante”, explicó.
Sobre la libertad, la presentó como un equilibrio entre dos extremos: el exceso de control, que ahoga la iniciativa, y la ausencia de límites, que termina en desorden. Se detuvo en dos efectos de una libertad bien entendida: la capacidad de decidir y la autonomía. “Es preferible una mala decisión que ninguna decisión”, dijo, citando una convicción propia del mundo militar, y llamó a impulsar a los equipos a decidir y ejecutar, aun sabiendo que a veces se equivocarán. Para hablar de autonomía, describió la escena de un padre sosteniendo a su hijo mientras aprende a andar en bicicleta, ayudándolo al principio y soltándolo poco a poco hasta que logra avanzar solo. También advirtió sobre el riesgo de que las normas, necesarias al inicio, terminen por asfixiar con el tiempo la motivación que dio origen al proyecto, y propuso la idea de “refundar” periódicamente, es decir, volver a las raíces en lugar de acumular reglamentos.
Sobre el movimiento, giró en torno al ritmo y la adaptación. Usó la imagen de las orquídeas —plantas que pueden permanecer semanas sin cambios visibles antes de florecer— para explicar que cada persona, como cada organismo vivo, tiene su propio tiempo de crecimiento. “Hay que aprender a ver lo que no se ve”, afirmó. Para hablar de adaptación, recurrió a la figura de un entrenador de fútbol, que ajusta su estrategia partido a partido según el estado de cada jugador, sin aferrarse a un plan rígido, y de ahí surgió la idea de “auscultar”: ir más allá de cumplir una agenda para escuchar lo que realmente necesita el equipo en cada momento.
En el espacio de preguntas, Jorge citó el caso del empresario Hubert Joly y su paso por Best Buy, relatado en el libro El corazón del negocio: para sacar adelante una empresa en crisis hay que cuidar primero a la gente, luego los procesos, y solo entonces llega la rentabilidad. Y sobre cómo medir el éxito de un líder, dejó una idea final: un buen gerente se vuelve prescindible, porque el verdadero logro no es acumular funciones, sino delegar de tal forma que el equipo siga funcionando con autonomía.
El encuentro cerró con una invitación a elegir, de todo lo compartido, una sola idea y comprometerse a llevarla al propio entorno de trabajo. Porque la confianza, la libertad y el movimiento no son técnicas de gestión, sino una forma de mirar a las personas que, con el tiempo, termina dando frutos.
