La dignidad del trabajo como principio irrenunciable
Esta frase se fundamenta en la centralidad del trabajo humano. El trabajo no es una mercancía, sino una participación en la obra creadora de Dios. Negar trabajo digno o explotarlo atenta contra la justicia social (cf. Laborem exercens). Schoenstatt valora el trabajo cotidiano ofrecido como camino de santificación. El empresario está llamado a crear condiciones laborales que respeten la dignidad, favorezcan la vida familiar y permitan a las personas crecer humana y espiritualmente.
Reflexiones para el camino cotidiano
En la vida económica y empresarial, el modo en que se concibe el trabajo revela una determinada visión de la persona. Cuando el trabajo se reduce únicamente a costo, rendimiento o productividad, se corre el riesgo de perder de vista su dimensión humana y social.
Reconocer el carácter sagrado del trabajo implica asumir una responsabilidad concreta en la forma de organizar, valorar y proteger la tarea de cada persona. Las decisiones laborales —grandes o pequeñas— impactan directamente en la dignidad, la estabilidad familiar y las posibilidades de desarrollo de quienes trabajan.
- ¿Cómo se valora el trabajo humano en el entorno laboral en el que participo?
- ¿Qué criterios guían las decisiones que afectan a las condiciones de trabajo de las personas?
- ¿De qué manera el respeto por la dignidad del trabajo se traduce —o no— en prácticas concretas?
Cuidar el trabajo humano es una forma concreta de cuidar la dignidad de la persona y el tejido social.
