Cuando un amigo se va

Como decía aquella canción del cantautor argentino Alberto Cortez, ya fallecido, “cuando un amigo se va, una estrella se ha perdido…”. Se fue Mario Caridad quien, junto a su esposa Laura, integraban la familia de Schoenstatt de Mendoza con un alto compromiso en la rama de matrimonios y con su enorme sí, siempre dispuestos a todo lo que pudiesen sumar para la Familia. Mario era de esas personas a las que “se les ve el corazón” en un primer contacto y con quien se podía contar para todo lo que fuese llevar el Reino de Dios hacia cualquier confín de su tierra y más allá.

Por Juan Barbosa/Schoenstatt.org

Un viaje muy esperado comenzaba

Había partido desde su Mendoza junto a Laura, el amor de su vida, esa compañera fiel e inseparable que conoció quince años atrás y con quien estaba a punto de cumplir diez años de feliz matrimonio, rumbo a España. ¡Cuántos sueños se habrán agolpado al planificar y realizar ese viaje juntos! Meses que tardaban siglos en pasar, ya finalizaban y por fin partieron rumbo a Barcelona.

Fueron compañeros de trabajo, lo que garantiza un conocimiento cabal uno del otro…Almas que se cohesionaron en la lucha, en la formación, en el conocimiento y…en el amor. Ese amor cimentado en la gracia ya que su práctica de los valores religiosos los unió profundamente en la querida Madre de Dios y, junto a Ella transitaron las distintas viscitudes de la vida en la absoluta seguridad de su compañía y protección.

El llamado de Dios es a Su tiempo…

En pleno viaje se declara la pandemia del Covid-19 y realizaron verdaderas peripecias para poder regresar a la Argentina vía Chile. Cumpliendo la cuarentena con absoluta responsabilidad, aparecieron las primeras molestias, los primeros signos… El coronavirus los había afectado a ambos y se temía mucho por Laura que tiene asma. Nunca se pensó en Mario pues su salud, fue siempre “de hierro” y no tenía ningún mal.

Ambos fueron internados. Laura sigue luchando y ya casi a punto de derrotar la enfermedad pero Mario no pudo salir. Entregó su joven espíritu de apenas 44 años integrando, con toda seguridad por estos días, el “Schoenstatt eterno”. Celebrará su pascua junto a la querida Madre de Dios, a quien Mario amó con todo su ser.

El P. Leonardo Di Carlo lo recuerda con enorme afecto

“Acompañé a Mario y a Laurita desde su preocupación por regresar de Europa muy de cerca. Luego aquí, con el enorme dolor de su partida me queda el recuerdo tan cercano de Mario. ¡Hace poco recibió su Confirmación! Qué inmensa alegría fue para mí escuchar de sus labios que, “con este paso sé que quiero seguir para siempre al Señor.” Me decía con ese profundo convencimiento que fue una característica de este ejemplar matrimonio. En los últimos tiempos trabajamos muy unidos por las comunicaciones en la Familia de Schoenstatt de Mendoza. Su compromiso era inmenso. Sus ansias de crecimiento de la familia los llevaron a trabajar sin descanso y generosamente por los otros. Hoy lo imagino a Mario siendo abrazado por el Señor. Imagino a María recibiéndolo. Imagino al P. José Kentenich junto a él…”

“Recemos mucho por Mario y por Laura también. Su compañera fiel y verdadera fuente de su capacidad de amar. El dolor es inmenso, pero, la esperanza que Mario goza en el cielo… ¡Es absoluta!”